domingo 13 de septiembre de 2009

Peru, mi terminal

Tenía 15 años y dejé mi hogar. Me despedí de mis amigos de mi barrio, a ellos no les importó tanto como a mí, ellos no sabían que no volvería. Me iría solo y viviría con mi hermana, asistiría a otro colegio y haría otros amigos, suena fácil ¿lo es? En España nunca se sabe.

Subí al avión con unas pastillas para dormir escondidas en mis manos, una era de mi padre, otra de mi madre, la de mi hermana y la de mi doctor; siempre he tenido insomnio y esta vez no sería la excepción, le pedí la azafata un poco de gaseosa – la cual creo que amplifica el efecto de las pastillas – y al azar elijo una. Sale la de mi madre y cuando la película recién va empezando el efecto adormecedor de la Coca Cola y mis pepitas comenzaban hacer efecto, en unos minutos dejé de sentir mi cuerpo y solo me dediqué a pensar y mientras cerraba los ojos comencé a recordar.



Yo residía en un barrio popular, algunos lo llamaría Asentamiento Humano u otros Pueblo Joven; a mi me daba igual, mi familia tenía un poco mas de dinero que los demás, lo suficiente para irse a un barrio con mucha mas alcurnia cerca de la ciudad, pero me gustaba este lugar, el jugar fulbito todas las tardes y de mis aventuras coloquiales con mis amigos; los recuerdo bien: Giulisa, Angel e Isabel.


Una de mis mas significantes aventuras fue en Halloween; cayó un domingo y tuvimos que ir a la iglesia antes de hacer nuestros disfraces; pero el padre nos dio un sermón sobre el significado de ese día, nos entró un medio terrible pero aun así nos atrevimos a salir por dulces y travesuras, el problema fue que no conocíamos nuestro barrio de noche, gracias a Dios un policía nos encontró perdidos con los ojos llorosos y los disfraces rasgados, desde ese día no vuelvo a celebrar el Halloween.


La dulce voz de Isabel era un regalo para todos nosotros, sabía que a Angel le gustaba pero a mi me gustaba su hermana de el, cierto día ella tuvo que cantar en la fiesta de Navidad pero en plena escenario se olvidó la letra y estalló en llanto, por su tierna edad – 9 años en ese entonces – no hubo rechazo del publico, pero ella bajó llorando donde la recibí con un fuerte abrazo, después vino Angel y de ahí Giulisa, los cuatro siempre fuimos muy unidos.


Angel y Giulisa quedaron huérfanos a los 4 años y desde ese entonces están bajo la tutela de las monjitas del convento, pero eso no evitaba que Angel hiciera travesuras y que Giulisa se ensucie la ropa por jugar hasta las 7 de la noche, aunque después de todo eso siempre eran obligados a hacer sus oraciones con rosario en mano; pero creo que lo que si le prohibieron solo a Giulisa fue tener enamorado y asimismo fui yo quien hizo que rompiera esa regla. Es por eso que, además de mi familia, fue la que mas sufrió por mi partida.


Ella siempre fue muy linda y recatada – seguramente por vivir entre monjas y padres -, usualmente se le veía vestida de faldas largas o vestidos un tanto pasados de moda, solo que a ella le quedaban bien y resaltaba su verdadera belleza. Por otro lado Isabel usaba Jeans con polos de moda o sino blusas que solo se deberían usar en verano, al igual que Giulisa también era bella, pero de otra forma, una forma que no me gustaba. Angel y yo siempre vestíamos parecido, un polo cualquiera o una camisa de franela, pantalones de Jean holgados o pantalones deportivos cuando jugamos fútbol con otros chicos y siempre, pero siempre usábamos zapatillas.


Lo mejor que viví en Perú fue el viaje que hicimos todos con mis padres a la sierra, fuimos a Cuzco para visitar el Machu Pichu; a los 14 años de edad no nos interesaba mucho a todos pero había un estribillo en nuestros corazones que nos mandaba a emocionarnos por cada cosa nueva que vedamos. Por encima de todo eso, puedo afirmar que lo mejor del viaje fue mi primer beso con Giulisa; sentir el roce de nuestros labios secos por el frío buscando el calor en los del otro, abrazarla como si jamás la hubiera tocado y temblar por el calor desconocido que provoca el otro.


Después de 7 u 8 horas ya estaba en España, salí apresurado junto con mi hermana al primer teléfono público de la ciudad y desesperadamente llamé a mis amigos.